América: Paraíso espiritual

El descubrimiento de América fue para sus protagonistas españoles el descubrimiento de un paraíso. Paraíso terrenal para conquistadores que ante sus ojos veían inmensas tierras y riquezas. Por otra parte un paraíso espiritual para religiosos que allí veían una nueva oportunidad para la reconstrucción de la iglesia cristiana, alejada de la vieja iglesia europea y sus jerarquías eclesiásticas.
Esta empresa misional recayó en la corona española gracias a los privilegios otorgados por Julio II en 1508 en donde se les concede a los monarcas hispanos el Patronato de la Iglesia en América.
La evangelización americana entonces tiene su punto de partida en el Virreinato de Nueva España a partir de 1524 con la llegada de los 12 primeros franciscanos, a los que seguirían dominicos y agustinos.
A medida que fue siendo introducido el cristianismo, también se fue produciendo un mestizaje, ya que se debía comprender antes de actuar y favorecer el cambio religioso en la población autóctona.
Primeramente se utilizaron lenguas vernáculas para llevar a cabo la labor misionera, materializando sus experiencias en obras escritas que favorecieran la divulgación de los conceptos religiosos cristianos y los métodos empleados en la conversión de la población por medio del catecismo, confesionarios y sermonarios.
Por otro lado los religiosos instrumentalizaron un sistema que permitió abarcar a todos los grupos sociales y todos los aspectos de la vida indígena, incluyendo relaciones familiares y sociales, métodos de trabajo y actividades, vida privada y comunitaria. Por ejemplo se mantuvieron las jerarquías sociales entre caciques indígenas.
Se sacralizo y ritualizó el calendario indígena con fiestas y acontecimientos religiosos, donde el teatro, la música y la danza se convirtieron en instrumentos para la evangelización y compresión de los dogmas cristianos.
Sin embargo este camino hacia el cristianismo en los pueblos prehispánicos era un camino de ida y vuelta, puesto que en muchas ocasiones se enmascaraba practicas idolátricas y supersticiosas, escogiendo algún santo para reemplazar la antigua divinidad, hecho por el cual existía debate entre los propios frailes, ya que claramente la línea entre la idolatría y el cristianismo era muy fina.

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